Psicóloga

 

Cómo superar la Ansiedad

Entender la ansiedad para salir del bloqueo

  

Con frecuencia sufrimos más en la imaginación que en la realidad.” — Séneca

La ansiedad es una emoción compleja que muy a menudo no sabemos descifrar. Es habitual que en mi consulta muchos de mis pacientes, cuando les pregunto sobre cómo saben si ese malestar que tienen es ansiedad, no pueden responder con exactitud y dicen algo así como, estoy nervioso, bloqueado, agobiado…
 

Seguro que te puedes ver reflejado en el ejemplo que te pongo a continuación. Tienes la intención de responder un email y, de pronto, el pulso va más rápido, el pecho se encoge y aparecen mil “y si…”. No es flojera, ni pereza, es ansiedad. Una alarma que se manifiesta en nuestro cuerpo diseñada para protegernos de posibles amenazas que, a veces, se queda encendida y sonando más tiempo del necesario.

En este post te cuento por qué se produce, qué bloqueos genera, dónde se localiza en el cuerpo, cómo tomar conciencia sin alimentar el bucle, y algunas  técnicas eficaces (y sencillas) para afrontarla.

Por qué aparece la ansiedad

Piensa en una alarma de hogar demasiado sensible. Nuestro cerebro detecta “posibles” amenazas (exámenes, llamadas, jefes, facturas, redes) y activa el modo lucha–huida–parálisis. No podemos decir sobre esto que  haya un único culpable, suele ser una mezcla de estrés sostenido, hábitos (poca higiene del sueño, demasiada cafeína…), experiencias previas, momentos hormonales y la falta de habilidades de regulación emocional (que casi nadie nos enseña)

No se trata de una debilidad de carácter, es nuestro sistema nervioso autónomo haciendo su trabajo con exceso de celo. Pero lo que quiero mostrarte es que esto se puede entrenar y regular.

Los bloqueos que dispara (y cómo se alimentan)

La ansiedad rara vez llega sola. Suele estar acompañada de:

  • Parálisis por análisis: pospones, dudas, sobrepiensas, reescribes sin enviar.
  • Evitación: “lo hago mañana”.
  • Perfeccionismo: si no queda perfecto, no está bien.
  • Rumiación: la mente da vueltas y vueltas sin llegar a ningún argumento válido. Te acabas perdiendo y agotando.

 

Todo este recorrido forma el círculo ansiedad–evitación: cuanto más evitas, más crece el miedo.

¿Dónde se siente en el cuerpo?

La ansiedad habla el idioma del cuerpo, como todas las emociones. Suele notarse en:

  • Pecho y respiración: opresión, respiración superficial.
  • Garganta: nudo al tragar o hablar.
  • Estómago: mariposas, nudo, sensación de vértigo.
  • Mandíbula/cuello/hombros: tensión muscular, bruxismo.
  • Cabeza: niebla mental, ligero mareo.
  • Manos/pies: temblor, sudor.

Hacer un “mapa personal” sobre cómo y dónde la sientes y qué la ha disparado, te ayudará a reconocerla y poderte decir: “esto es ansiedad, no hay un peligro real”.

Tomar conciencia sin alimentar el bucle

Prueba esta mini-rutina (1 minuto):

  1. Pon nombre: ansiedad / nervios / tensión.
  2. ¿Dónde la notas? pecho, garganta, estómago…
  3. ¿Qué me ayudaría ahora? (respiración profunda, mover el cuerpo, tomar una pausa).

Etiqueta tus pensamientos: “esto es: catastrofismo / todo o nada / y si…”. Cuando el sesgo tiene nombre y tomas conciencia de ese diálogo interno, su fuerza baja. Observa ese diálogo, el relato que te esta dando y ponlo en duda.

Técnicas sencillas y eficaces y cuándo usarlas

  1. Respiración 3–6
    Inhala 3–4 s por la nariz, exhala 6–8 s por la boca (5 ciclos).
    Cuándo: pico de nervios, antes de dormir, previo a una reunión.
  2. Caja 4–4–4–4 (box breathing)
    Inhala 4, sostén 4, exhala 4, sostén 4 durante 2–3 min.
    Efecto: centra y regula la activación.
  3. Grounding (tomar tierra) Trabajar con los sentidos 5–4–3–2–1
    Céntrate en 5 cosas que ves, 4 que tocas, 3 que oyes, 2 que hueles, 1 que saboreas. Repite hasta que tu respiración y sensación hayan descendido. Esta técnica te saca de tu mente y te conecta con el momento presente.
    Cuándo: mente acelerada, inicio de pánico.
  4. Relajación muscular progresiva
    Tensa 5 s y suelta 10 s cada grupo muscular (de pies a cabeza).
    Cuándo: tensión corporal, higiene del sueño.
  5. Exposición gradual autoguiada
    Escribe una lista de situaciones que habitualmente evites porque te producen ansiedad, puntúalas en intensidad (1-10). Empieza por una situación que puntúe 3-4 y repite hasta que baje la intensidad a 1–2Una vez que apenas sientas ansiedad en esa situación, pasa a la que te produce una ansiedad de intensidad 5-6. Hazlo con el resto de situaciones que tengas anotadas hasta agotar tu lista. Lo sensato es no pasar a la siguiente situación hasta que la puntuación sea de 1-2 en la anterior situación a la que te has expuesto. Efecto: rompe la evitación y devuelve confianza.
  6. Anclajes rápidos
    Exhalación larga + tarareo de alguna canción, agua fría en la cara 10–20 s, mano en el pecho.
    Cuándo: necesitas una descarga rápida de activación.
  7. Higiene de estímulos
    Reduce cafeína y alcohol, pequeñas pausas cada 60 min, pantallas fuera 45 min antes de dormir.
    Efecto: baja la “línea base” de activación.

Un mini-plan de 10 días para empezar

  • Día 1–2: mapa corporal + respiración 3–6 (5 min).
  • Día 3–4: grounding (2 veces al día).
  • Día 5–6: relajación muscular (10 min, noche).
  • Día 7: lista de exposición (5 situaciones, nivel 3–4/10).
  • Día 8–10: haz 1 situación/día + registro breve (situación–pensamiento–sensación).

 

Objetivo realista: no “cero ansiedad”, sino que no te bloquee y puedas hacer lo que te importa.

¿Cuándo pedir ayuda profesional?

  • Si la ansiedad dura semanas y limita trabajo, estudios o relaciones.
  • Si hay ataques de pánico repetidos o gran miedo a que vuelvan.
  • Si aparecen insomnio marcado, consumo elevado de sustancias o ideas de autolesión.

La terapia psicológica (enfoques cognitivo–conductuales y basados en mindfulness, entre otros…) y, a veces, tratamiento médico, pueden marcar la diferencia. Busca un profesional acreditado que te pueda ayudar de manera personalizada.

El Duelo, entenderlo y superarlo


Lo que una vez disfrutamos y amamos profundamente nunca lo perdemos; todo lo que amamos profundamente se vuelve parte de nosotros.” Helen Keller

Perder a alguien (o algo) importante en nuestra vida nos mueve todos los cimientos. Creo que uno de los mayores miedos que nos acompañan a todos, sin excepción, es el miedo a perder. Te explico en este post qué es el duelo, sus fases, y qué puede complicarlo. He añadido algunas pautas sencillas y prácticas para que puedas empezar a  transitarlo. El duelo no es un proceso lineal ni “correcto”: cada persona lo vive a su ritmo.

¿Qué es el duelo?

Es una respuesta natural (emocional, física, cognitiva y social) ante una pérdida significativa: la muerte de un ser querido, una separación, una enfermedad, perder un trabajo, migrar, etc. El duelo no es una enfermedad; es un proceso de adaptación.

Las fases del duelo no ocurren en orden fijo ni una sola vez. Puedes avanzar, retroceder o estar en varias a la vez. Tener esto en cuenta te hará entender mejor lo que te está ocurriendo en cada momento.

Las fases del duelo y qué puedes hacer en cada una

1) Shock / Negación

Sensaciones: aturdimiento, incredulidad, sensación de “esto no puede estar pasando”, automatismo.
Te puede ayudar:

  • Básicos del día a día: comer sano, hidratarte, dormir lo mejor posible; evitar cualquier exceso. Vas a necesitar durante algún tiempo la vida más ordenada posible.
  • Decisiones mínimas: pospone lo no urgente; delega trámites si puedes.
  • Aterrizar el cuerpo: respiraciones lentas (4–6 respiraciones profundas), duchas tibias, caminar 10–15 minutos, hacer algún ejercicio que ayude a tu química cerebral, serotonina, endorfinas.
  • Nombrar lo ocurrido: decir o escribir “ha pasado X” ayuda a la mente a asimilar. Expresarte con alguien de confianza y no guardar el dolor es importante.

2) Ira

Sensaciones: enfado con la situación, con otras personas, con uno mismo o con “la vida”; irritabilidad.
Te puede ayudar:

  • Canal seguro: retorcer una toalla, subir escaleras, escribir una carta que no enviarás.
  • Límites amables: “Ahora no puedo hablar de esto, retomamos mañana”.
  • Higiene del descanso: reduce cafeína, apaga pantallas 1 hora antes de dormir.
  • Traduce la ira: debajo suele haber dolor; pregúntate “¿qué estoy protegiendo?, ¿de qué estoy escapando?”.

3) Negociación

Sensaciones: “y si hubiera…”, fantasías de cambiar el pasado, búsqueda de explicaciones.
Te puede ayudar:

  • Diálogo compasivo: responde a tus “y si…” con “hice lo mejor que pude con lo que sabía entonces”.
  • Rituales simbólicos: encender una vela, armar un pequeño altar o álbum, escribir una despedida.
  • Información medida: evita sobreexponerte a detalles o redes si aumentan la rumiación.

4) Tristeza / Depresión del duelo

Sensaciones: vacío, apatía, llanto fácil, fatiga, dificultad para concentrarse.
Te puede ayudar:

  • Rutina mínima: define 3 anclas diarias (ducha, paseo breve, alimentación sana).
  • Conexión suave: quedar con alguien para caminar o tomar algo; no hace falta “hablar de todo”.
  • Expresión creativa: playlist, dibujo, jardinería, escribir 10 minutos sin filtro.
  • Movimiento amable: estiramientos, yoga suave, respiración 4-4-6 (inhalar 4, sostener 4, exhalar 6).

5) Aceptación / Integración

Sensaciones: mayor calma, la pérdida duele pero no paraliza; espacio para nuevos significados.
Te puede ayudar:

  • Honrar y seguir: mantener hábitos/valores que conectan con lo perdido.
  • Proyectos pequeños: objetivos semanales realistas que te ilusionen.
  • Red de apoyo activa: sostener las relaciones que te nutren.
  • Autocuidado sostenido: lo que funcionó, conviértelo en hábito.

Factores que pueden complicar el duelo

  • Circunstancias traumáticas de la pérdida (súbita, violenta, sin despedida).
  • Vínculo ambivalente o dependencia alta (emocional, económica, de cuidados).
  • Duelo múltiple o acumulado (varias pérdidas seguidas).
  • Aislamiento y falta de apoyo social o familiar.
  • Antecedentes de salud mental (depresión, ansiedad, consumo de sustancias).
  • Culpa, conflictos o asuntos pendientes intensos.
  • Estrés adicional (inestabilidad laboral, mudanzas, procesos legales).
  • Creencias o presiones culturales que invalidan la expresión emocional (“sé fuerte”, “ya deberías estar bien”).

Si varios de estos factores están presentes y el malestar no mejora tras meses, podría tratarse de un duelo complicado y conviene buscar ayuda profesional.

Señales de alerta para pedir apoyo profesional

  • Dolor emocional muy intenso y persistente que no da tregua.
  • Imposibilidad de retomar actividades básicas (higiene, alimentación, trabajo) tras un tiempo razonable.
  • Aislamiento casi total, consumo de alcohol/drogas para sobrellevar.
  • Pensamientos de no querer vivir o de hacerse daño.

Cuidarte durante el proceso: pautas generales

  • Date permiso para sentir: no hay emociones “incorrectas”.
  • Ritmo propio: evita compararte. Cada duelo es único.
  • Pequeños pasos, gran efecto: 1% de autocuidado al día suma (agua, sol, aire, movimiento).
  • Pide ayuda concreta: “¿me acompañas al súper?”, “¿me ayudas con este trámite?”.
  • Ventanas de descanso del dolor: disfrutar de algo no traiciona a nadie; forma parte del proceso de sanación.

 

El duelo es un proceso de adaptación, no un examen que aprobar. Reconocer las fases (sin exigir un orden), detectar factores que pueden complicarlo y aplicar pautas sencillas puede aliviar el camino. Si sientes que te quedaste “atascada/o”, pedir apoyo profesional es un acto de cuidado.

Si te ves reflejada/o y te gustaría un acompañamiento cercano y a tu ritmo, puedo ayudarte. Escríbeme y vemos juntas/os el mejor plan para ti.